JPMorgan y Pimco advierten que el mercado de bonos subestima el riesgo de una desaceleración global

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Grandes gestores de renta fija advierten que el mercado está enfocado en el impacto inflacionario del alza del petróleo por la guerra entre EE.UU. e Irán, pero podría estar ignorando un riesgo mayor: que el shock energético termine provocando una desaceleración económica y un giro en las expectativas sobre la política de la Reserva Federal.

Algunos de los mayores gestores de renta fija de Wall Street consideran que los mercados financieros no están valorando adecuadamente el riesgo de una desaceleración económica provocada por la guerra entre Estados Unidos e Irán, un conflicto que ya está impactando en los precios de la energía y en las expectativas macroeconómicas globales.

Con el petróleo superando los U$S 110 por barril y sin señales claras de distensión en el conflicto, los inversores se han concentrado principalmente en el impacto inflacionario del encarecimiento energético. Ese enfoque ha desencadenado una fuerte venta de bonos del Tesoro estadounidense, encaminando al mercado hacia su mayor pérdida mensual desde octubre de 2024, mientras crece la expectativa de que la Reserva Federal podría mantener o incluso elevar las tasas de interés antes de que termine el año.

Sin embargo, en firmas como JPMorgan Asset Management, Pacific Investment Management Co. (Pimco) y Columbia Threadneedle Investments el análisis es distinto. Sus gestores sostienen que el riesgo dominante no es solo inflacionario, sino también de crecimiento, y advierten que el mercado podría estar subestimando el impacto económico de un conflicto prolongado.

“Cada día que persiste este conflicto nos acerca más a que el mercado se vea obligado a considerar las implicaciones más negativas para el crecimiento”, señaló Kelsey Berro, gestora de carteras de renta fija de JPMorgan Asset Management. Según la ejecutiva, ese escenario podría terminar empujando a la baja los rendimientos de los bonos del Tesoro, generando una recuperación en el mercado de deuda.

Crecen las probabilidades de recesión

Las previsiones macroeconómicas comienzan a reflejar ese deterioro potencial. Goldman Sachs elevó recientemente la probabilidad de recesión en Estados Unidos en los próximos doce meses a cerca del 30%, mientras que Pimco calcula que el riesgo supera un tercio.

En condiciones normales, ese aumento del pesimismo económico suele beneficiar a los bonos, ya que incrementa las probabilidades de que la Reserva Federal reduzca las tasas para estimular la economía. Esta vez, sin embargo, la dinámica ha sido distinta.

El alza de los precios energéticos amenaza con impulsar nuevamente la inflación, lo que limita el margen de maniobra del banco central. La OCDE advirtió la semana pasada que la inflación estadounidense podría alcanzar 4,2% en 2026, reforzando la percepción de que las autoridades monetarias deberán mantener una política restrictiva por más tiempo.

Venta masiva en el mercado de deuda

El resultado ha sido una venta agresiva de bonos. Desde el inicio de los bombardeos estadounidenses a finales del mes pasado, los rendimientos de los bonos del Tesoro a dos y cinco años han subido más de medio punto porcentual, mientras que el rendimiento del bono a 30 años se aproxima al 5%, cerca del máximo registrado en 2023 tras el ciclo de endurecimiento monetario de la Fed.

No obstante, algunos gestores consideran que esta corrección ha creado una oportunidad para los inversores de largo plazo.

“Lo que suele comenzar como un shock inflacionario puede transformarse rápidamente en un shock de crecimiento”, explicó Daniel Ivascyn, director de inversiones de Pimco, firma que administra más de US$2 billones en activos. “Estamos cerca de ver un debilitamiento significativo de la economía”.

Un contexto económico ya frágil

Los riesgos para la actividad económica ya venían acumulándose antes del estallido del conflicto. El mercado laboral estadounidense muestra señales de enfriamiento desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y la intensificación de las tensiones comerciales derivadas de su política arancelaria.

En febrero, los empleadores eliminaron 92.000 puestos de trabajo, y los analistas prevén que el informe laboral de marzo —que se publicará esta semana— muestre apenas un repunte parcial, con la creación de alrededor de 60.000 empleos.

A este escenario se suman nuevas fuentes de volatilidad en los mercados financieros, desde dudas sobre el impacto económico de la inteligencia artificial hasta tensiones en el sector de crédito privado.

Energía y geopolítica en el centro del riesgo

El conflicto en Medio Oriente ha añadido un factor crítico: la interrupción del transporte de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo. La disrupción ya comienza a trasladarse al consumidor estadounidense, con el precio de la gasolina alcanzando su nivel más alto desde el repunte inflacionario posterior a la pandemia.

En BlackRock, el jefe global de inversiones en renta fija, Rick Rieder, considera que la Reserva Federal eventualmente podría verse obligada a recortar las tasas para amortiguar el impacto económico.

“Veremos qué ocurre en las próximas dos semanas y entonces quiero lanzarme a comprar algunas cosas”, afirmó en una entrevista con Bloomberg Television, anticipando posibles compras de deuda de corto plazo.

Por su parte, Ed Al-Hussainy, gestor de carteras de Columbia Threadneedle, ya ha comenzado a incrementar su exposición a bonos a largo plazo. Según su análisis, si la Fed termina endureciendo aún más su política monetaria, el crecimiento económico podría deteriorarse con mayor rapidez, lo que finalmente haría caer los rendimientos.

“Cuanto más se incline la Fed por endurecer la política, mayor será el ajuste que tendrá que hacer el extremo largo de la curva para reflejar el impacto sobre la demanda agregada”, sostuvo.

En síntesis, mientras gran parte del mercado sigue concentrado en el riesgo inflacionario derivado del shock energético, algunos de los mayores gestores de renta fija del mundo empiezan a posicionarse para un escenario diferente: una desaceleración económica que podría cambiar nuevamente el rumbo del mercado de bonos.

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