El Gobierno endureció la política monetaria para retomar el sendero de “desinflación”. Las tasas se reacomodan, pero siguen por encima de los niveles de diciembre.
En un contexto de aceleración de la inflación minorista —que pasó del 1,5% mensual en mayo de 2025 al 2,9% en enero y acumula nueve meses de subas— el equipo económico decidió profundizar el sesgo contractivo. Entre el 31 de diciembre y el 10 de febrero, la base monetaria se redujo en $779.000 millones, según un informe de la consultora Quantum.
La estrategia apunta a quebrar la inercia inflacionaria y retomar el proceso de “desinflación” que el presidente Javier Milei fijó como objetivo central, con la meta de llevar la inflación mensual por debajo del 1% hacia agosto.
Ajuste monetario pese a la acumulación de reservas
El giro contractivo se da incluso en paralelo a la compra de divisas por parte del BCRA, que implicó una acumulación superior a USD 2.200 millones y, por definición, emisión de pesos para adquirir esos dólares.
Para neutralizar ese efecto expansivo, el Ministerio de Economía, conducido por Luis Caputo, utilizó principalmente:
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Fondos del Tesoro depositados en el BCRA.
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Licitaciones de deuda con colocaciones superiores a los vencimientos.
El informe describe un “esquema de roles” entre el Tesoro y el Banco Central en la administración de la liquidez, con el objetivo de evitar que expansiones sin respaldo en la demanda de dinero dificulten la desaceleración de precios.
Cómo se movió la base monetaria
Al 10 de febrero, los factores fueron los siguientes:
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+ $2,43 billones por compras de divisas del BCRA en el mercado cambiario.
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– $5,17 billones por absorción vía compras netas de divisas del Tesoro al BCRA (incluye pagos de deuda privada en enero por $3,4 billones y de intereses al FMI en febrero por $1,13 billones).
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+ $1 billón por baja de depósitos del Tesoro en el BCRA vinculados a utilidades distribuidas en 2025.
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+ $1 billón por cancelación de operaciones pasivas entre el BCRA y bancos.
El resultado neto fue una contracción cercana a los $800.000 millones.
Tasas más altas y señales de tensión
El endurecimiento monetario impactó en el mercado de tasas:
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La tasa promedio de la rueda SIMU se ubica en 27,4% nominal anual, frente al 20% promedio de diciembre.
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La TAMAR pasó de 27,5% a 31,7% nominal anual.
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Las tasas activas, como los adelantos a empresas, subieron 526 puntos básicos respecto del promedio de diciembre.
Si bien las tasas comenzaron a estabilizarse, el informe señala que continúan elevadas y reflejan episodios de volatilidad y demanda excedente de liquidez.
El dilema: desinflación versus actividad
Según Quantum, una vez disipado el efecto estacional de fin de año, la base podría volver a expandirse por efecto de nuevas compras de divisas del BCRA. El desafío será contener ese aumento sin reactivar presiones inflacionarias.
La combinación de tasas reales positivas —por encima de las expectativas de devaluación— puede incentivar la demanda de pesos y sostener la apreciación cambiaria. Sin embargo, el costo potencial es una postergación en la recuperación del nivel de actividad.
El Gobierno apuesta a que el sesgo contractivo permita revertir la tendencia ascendente de la inflación mensual. La incógnita es si esa receta podrá aplicarse sin profundizar el freno sobre el crédito y el consumo.
