Bolsonaro y las reformas: del entusiasmo a los interrogantes

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Los mercados festejaron la victoria del nuevo presidente brasileño. Su principal espada económica propone un plan ortodoxo, con más acuerdos de libre comercio. Sin embargo, no será fácil mover a una economía gigante luego de años de estancamiento. ¿Qué le espera a la Argentina?

El mercado financiero de San Pablo dio la nota el lunes 29, en su primera rueda desde la consagración de Jair Bolsonaro como presidente electo de Brasil, sobre las expectativas que genera el Gobierno que asumirá el 1 de enero, así como de las dudas que persisten. Las acciones comenzaron con la euforia esperada, subiendo más del 3%, pero cerraron en rojo intenso ante la aparición de notorios cortocircuitos dentro del entorno del exmilitar acerca de la reforma más esperada, la previsional.

El clima internacional se sumó a ese final negativo, pero el factor local fue lo que más pesó en ese comportamiento bipolar. De hecho, en esa misma jornada, Moody’s dijo que la confianza de los inversores mejorará con el futuro ocupante del palacio del Planalto, pero advirtió sobre las dificultades que tendrá para controlar un Congreso más fragmentado que el anterior para sacar adelante las reformas y sobre la falta de explicitación de aspectos claves de la política que llevará adelante.

“Aunque Bolsonaro no ha articulado totalmente su agenda de política económica en la campaña electoral, los inversores entienden que debe buscar políticas amigables con el mercado en beneficio de una serie de sectores. Esperamos una amplia continuidad de la política económica (de Michel Temer), pero su capacidad de recibir apoyo en el Congreso para aprobar las reformas aún no ha sido probada”, resumió la vicepresidenta de Moody’s, Samar Maziad.

Los inversores, al ritmo de la política

Exactamente un mes antes de la primera vuelta del 4 de octubre, el índice Ibovespa de la Bolsa de San Pablo cerró a 74.711,80 puntos, después de haber serpenteado hacia arriba y hacia abajo ante la posibilidad de que el Partido de los Trabajadores regresara al poder de la mano del sustituto de Luiz Inácio Lula da Silva, Fernando Haddad. La escalada veloz de este no agradó a los inversores, que lo llegaron a ver, según las encuestas, en un empate técnico con un Bolsonaro que seguía, como hacía varios meses, clavado en una intención de voto del 18 al 20%. Sin embargo, ante ese escenario, muchos ciudadanos comenzaron a anticipar las decisiones que se guardaban para el segundo turno del 28, exponiendo cuál sería el principal clivaje de la contienda: o se estaba con el PT o en su contra y, dadas definitivamente por caídas alternativas de centro-derecha más tradicionales como las que representaban el ex presidente del Banco Central y ex ministro de Hacienda Henrique Meirelles y el exgobernador de San Pablo Geraldo Alckmin, Bolsonaro comenzó a llevarse el grueso del voto “no vuelven más”.

El Ibovespa, entonces, trepó a 81.612,28 unidades en la previa de la primera vuelta y el 46% prácticamente decisivo que logró el excapitán del Ejército prolongó el rally. El 29 de octubre de la ciclotimia, cerró a 83.796,71 puntos y el 1 de noviembre, cuando ya se conocían algunas señales clave, a 88.419,05.

El real, en tanto, siguió la misma trayectoria, pasando de una cotización de 4,16 unidades por dólar el mencionado 4 de septiembre a 3,70 el 1 de noviembre.

Un tema central

Conviene volver a la rueda del 29 de octubre, esa en la que la euforia dio paso a las dudas, para encontrar las claves del futuro inmediato. Más allá de los factores internacionales, como se dijo, buena parte del desempeño negativo del final de la jornada se explica en declaraciones de quien será el ministro jefe de la Casa Civil (jefatura de gabinete) de Bolsonaro, el diputado electo Onyx Lorenzoni. Este dio ese mismo día una definición sobre la reforma previsional que no era, precisamente, la que esperaban los inversores. Según dijo, el proyecto que ya tiene presentado el presidente saliente Temer es “un remiendo” y será necesario elaborar un proyecto único nuevamente, lo que dejaría la cuestión para el tratamiento del legislativo que debutará en febrero. Eso implicaba más tiempo y más incertidumbre.

Ni bien fue confirmado como superministro, concentrando las viejas carteras de Hacienda, Planeamiento e Industria y Comercio Exterior, el sherpa económico de Bolsonaro, el economista de Chicago Paulo Guedes cruzó duramente a quien será, en lo formal, su superior inmediato. Lorenzoni “es un político hablando de economía. Es como si yo hablara de política: eso no puede salir bien”, dijo. Así, estableció que se privilegiará la velocidad, por lo que el futuro Gobierno impulsará el texto de Temer para que sea aprobado este mismo año. Las acciones respondieron con una suba del 3,7%, pero queda flotando una pregunta: ¿lo logrará?

Dejando en este artículo de lado su oscuro costado político, de un ultraderechismo que debería generar más preocupaciones que las que se observan en términos de la estabilidad institucional de Brasil, en lo económico, el bolsonarismo realmente existente, esto es no el estilizado con el que fantasea el mercado, plantea las mencionadas promesas pero también dudas de dos tipos. Una, la del porte de la fuerza política que tendrá para mover, en el camino de las reformas, la pesada estructura político-burocrática del país. Dos, sus propias fisuras internas.

La tarea ciclópea de mover al gigante

Bolsonaro se impuso en la segunda vuelta con un 55% de los votos. Es un caudal muy importante, pero que se recortó en la semana previa a ese comicio, lo que le impidió llegar al histórico 60% que llegó a acariciar en los sondeos. Lejos de ser un dato para el Guinness, eso le habría dado más potencia para alinear sectores en un país enorme, cuya trama de intereses es densa y celosa.

El 4 de octubre de la primera vuelta se votó, además, la nueva composición del Congreso. Cuatro años de operación Lava Jato terminaron impactando en los votantes más de lo que se presumía y no solo por la elección de Bolsonaro y el eclipse del PT: el propio legislativo cambió abruptamente de forma.

Viejos pesos pesados que se presentaban a reelecciones que, en teoría, no debían traerles problemas quedaron en el camino, arrasados por una ola renovadora impactante. En la futura Cámara de Diputados, más del 45% de sus integrantes serán totalmente nuevos, algo sin precedentes en el Brasil contemporáneo. Es más, en el Partido Social Liberal (PSL) que le prestó su sigla al ahora electo, 38 de los 52 que eligió son personas que llevan al Parlamento por primera vez y que, además, no cuentan con ninguna experiencia política. En el Senado se da una situación análoga.

La falta de referentes históricos y esa ola renovadora amenaza con hacer del Congreso un poder más anárquico, difícil de alinear. Fiel al libreto que lo presentó como un outsider pese a haber sido diputado durante siete mandatos consecutivos, Bolsonaro evitó negociar apoyos con partidos para el segundo turno y, a nivel legislativo, a priori cuenta con los mencionados 52 diputados propios sobre un total de 513.

Con todo el país atento a si reedita el toma lá dá cá de todos los presidentes anteriores, el gran sustrato de una corrupción endémica, buscó, en primer lugar, captar voluntades gracias a la fuerza de la ola que encarna, esto es por encima de las estructuras partidarias. Logró el respaldo de los diputados de la llamada “triple B” (las bancadas del buey, que representan al agronegocio; la de la Biblia, esto es la que responde al factor religioso, sobre todo evangélico; y la de la bala, compuesta por exmiembros de las fuerzas de seguridad), pero estas, aun siendo muy numerosas, son multipartidarias y se congregan solo para los temas de su incumbencia directa. No es fácil ponerlas en fila para el tratamiento de otros asuntos, como por ejemplo la crucial reforma previsional.

He ahí el primer reto de la administración entrante: ¿cómo generar una mayoría propia donde no la hay, con el agravante de que ya no es posible conseguirla, al modo de los Gobiernos del PT, mediante el reparto puro y duro de dinero en negro? Para peor, cuando reformas como la previsional son enmiendas constitucionales que requieren una mayoría agravada del 60% en cada cámara.

Una interna para seguir de cerca

Brasil cuenta con uno de los regímenes previsionales más generosos del mundo, al punto de la insustentabilidad. Los economistas atribuyen a eso el fuerte déficit fiscal (1,3% del PBI el primario, 7% el total) y su contracara, el abultado endeudamiento, del orden ya del 80% del PBI, que genera temor a que las grandes calificadoras le bajen el pulgar al país.

Por eso, cerradas por Temer las reformas del techo del gasto público por diez años y la laboral, la previsional es la que el mercado financiero juzga como la más importante por su impacto en el equilibrio fiscal de Brasil de las próximas décadas. Con todo, es también la más sensible por los derechos adquiridos que afecta, entre otros sectores con regímenes especiales, a los militares y fuerzas de seguridad, cuya influencia en la futura administración no podría ser más grande.

En efecto, del mencionado agujero fiscal, casi el 50% se explica por el rojo jubilatorio y casi un tercio, en particular, por el de los regímenes previsionales especiales de los militares y los policías.

Cuando Guedes destrató a Lorenzoni por meterse en su área, en lo que entiende como un tema eminentemente económico, acaso cometió un error. Hablar de reforma previsional es hacerlo también de política. Por poner un solo ejemplo, casi la mitad de los 52 diputados del PSL provienen de las fuerzas de seguridad. Además, el lobby poderoso de los empleados públicos es muy fuerte en el Congreso. El desafío será mayúsculo y lo que Bolsonaro se jugará, desde el arranque, en términos de credibilidad frente a la comunidad de negocios no podría ser mayor.

Lo anterior se vincula con un hecho que no se puede perder de vista. Hablar del próximo gobierno de Brasil supone atender a un factor de poder emergente, ausente desde la redemocratización de 1985: el “partido militar”. En ese sentido, Lorenzoni se erige como referente visible del ala castrense y de la política de la administración naciente, la que rivalizará con los Chicago boys de Guedes. Detrás de ellos, referencias descollantes del bolsonarismo, se encolumnan los intereses permanentes de Brasil.

Guedes es la expresión más acabada del interés del mercado financiero y de la gran industria de San Pablo, la más poderosa y la que se siente en condiciones de competir en los principales mercados globales. De ahí la subestimación inicial del superministro económico por el Mercosur en general y por la Argentina en particular (ver recuadro).

Sin embargo, la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP), pese a toda su importancia, es apenas una de las 27 entidades presentes en la Confederación Nacional de la Industria (CNI). Esta, que representa al sector en otros estados, menos poderosos individualmente que el paulista pero muy potentes en lo político cuando se coaligan, recela de las promesas de apertura comercial brusca de Guedes y puso el grito en el cielo cuando se confirmó que el Ministerio de Industria, Comercio Exterior y Servicios pasará a su megacartera.

La CNI se había quejado de eso con el rumor, y Bolsonaro había prometido dar marcha atrás. Pero Guedes le ganó de mano a Lorenzoni y se impuso en la primera batalla del futuro gabinete.
En esa rivalidad naciente se juega buena parte del futuro del próximo Gobierno y del propio Brasil.

Señales sobre privatizaciones y dólar

 

Si Paulo Guedes ganó dos de las batallas iniciales dentro del equipo de transición, al imponer su idea de una reforma previsional exprés y de devorarse la cartera de Industria, el ala militar y el jefe de gabinete Onyx Lorenzoni siguen dando pelea por otra cuestión grande: el plan de privatizaciones.

En esto Guedes tiene un objetivo final ambicioso y un paso cauteloso. él plantea privatizar todo, desde empresas estatales hasta inmuebles en poder de la Unión, para destinar el dinero resultante a la reducción de la deuda pública, pero no promete concreciones instantáneas. Es mucho lo que hay para vender y cada cosa requerirá un marco legal propio y disputas políticas específicas.

Sin embargo, los militares del “grupo Brasilia” que rodean a Jair Bolsonaro ya lograron que este marque la cancha: se privatizará todo, pero no “activos estratégicos” como Petrobras y Eletrobras. Las acciones de la petrolera, eje del mecanismo de corrupción destapado por la operación Lava Jato, suben y bajan al compás de esa disputa sonora. Que Bolsonaro haya dicho lo que dijo no cancela el debate: no será la primera vez que el hombre da marcha atrás, como se probó con la polémica sobre la fusión de ministerios que enervó al sector industrial.

Los mencionados militares no son los nacionalistas de antaño y, de hecho, su programa es liberal. Sin embargo, ciertos tics de viejo cuño persisten en su mentalidad.

Mientras libra esa pelea, Guedes empuja otras dos cuestiones, estas sí más vinculadas a su muñeca y menos sujetas a controversias: la independencia por ley del Banco Central y la política cambiaria.

En lo primero parece encaminado, al menos si por “independencia” se entiende un alineamiento con sus posturas; en lo segundo, fiel a su estilo, ya marca la cancha.

Si, por algún episodio externo, el dólar se dispara a 5 reales, no tiene inconveniente en salir a vender hasta 100.000 millones de dólares, cuyo producto será volcado a la reducción de deuda interna. Pese a todos sus problemas, he ahí una doble ventaja de Brasil: sus reservas internacionales de más de 350.000 millones de dólares y un endeudamiento que, en gran parte, está en moneda local.

La Argentina, en vilo por el futuro del Mercosur

El hombre ni se dio tiempo para festejar. En la misma noche del triunfo final, Paulo Guedes dio una conferencia de prensa en la que, más que euforia por el resultado, mostró la tensión que le impone el futuro inmediato. Eso lo llevó a tener un intercambio llamativamente áspero con la prensa argentina que lo interrogaba en Río de Janeiro. “La Argentina no es una prioridad; el Mercosur tampoco es una prioridad”, dijo. ¿Qué significa eso, realmente?

Ni Guedes ni Jair Bolsonaro están pensando en romper el bloque regional sino en lograr para Brasil autonomía para negociar unilateralmente acuerdos de libre comercio con otros países. Eso convertiría a la Argentina en un socio entre muchos otros, lo que, en el mediano y largo plazo, privaría a las empresas, sobre todo industriales, de nuestro país del acceso privilegiado que tiene hoy al mercado vecino.

La idea de un Mercosur más parecido a una zona de libre comercio que a la unión aduanera que jamás pudo consolidar no es, sin embargo, ajena a lo que se plantea desde hace tiempo el Gobierno de Mauricio Macri. Sectores sensibles por su aporte a la producción industrial y al empleo como el automotor lo han hecho ser muy cauto, lo que hizo que un planteo brasileño similar haya sido desestimado dos años atrás, cuando Michel Temer debutaba como reemplazante de Dilma Rousseff.

También insatisfecho con lo que el Mercosur logró generar hasta ahora en términos de apertura al mundo (solo hubo acuerdos con Israel y Egipto, las tratativas con la Unión Europea están trabadas y hay cinco negociaciones en curso), el Presidente estudia, desde antes de la victoria de Bolsonaro, la posibilidad de dar por tierra con la decisión del Consejo del Mercado Común 32/2000, que señala “el compromiso de los Estados Partes del MERCOSUR de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias”.

De hecho, la cuestión ya fue planteada por la Argentina a nivel de discusiones técnicas dentro del bloque. Lo que falta es la decisión política, algo que Brasil podría desencadenar. Lamentablemente, desde el punto de vista político, el Gobierno nacional parece arrastrado por un planteo descortés de Guedes cuando, en realidad, la cuestión ya estaba en sus propios planes.

Un informe de la consultora DNI de Marcelo Elizondo recuerda que Brasil es la novena economía del mundo, es el quinto país más poblado, es el 26° exportador mundial y el 29° principal importador.

“Es uno de los diez mayores receptores de inversión extranjera en el mundo y el más relevante emisor de inversión al exterior en la región”, indicó.

Aunque el comercio bilateral está lejos de sus récords, “en 2017, como ocurre desde hace décadas, Brasil fue el principal destino de exportaciones de la Argentina, con ventas que llegaron a 9.316 millones de dólares”. Y en lo que va de 2018 las exportaciones a ese mercado crecen fuerte, al 23,2%, mientras que las importaciones crecen mucho menos, al 3,7%. De esas exportaciones, 67% son productos de origen industrial, algo que no ocurre con ningún otro mercado importante en el mundo.

La Argentina deberá tener cuidado con el desmonte relativo de un Mercosur. Para empezar, por el interés del sector automotor, que si, recesión mediante, enfrenta hoy problemas, directamente podría desaparecer si Brasil impone su idea de una competencia total. ¿Qué compañía internacional mantendría aquí terminales para operar con costos más elevados y para un mercado mucho menor que el brasileño?

5 MEDIDAS CLAVES

  1. Disminución rápida del déficit fiscal: El rojo de las cuentas públicas llega a 7% del PBI y también hay un crecimiento fuerte de la deuda pública. Es un tema, que según aclaró el propio Guedes, será encarado a través de una reducción del gasto público y cuidando de no aumentar la presión fiscal. Todavía, sin embargo, no hay grandes detalles del ritmo que se llevará adelante. En el caso del gobierno macrista, recién este año y como consecuencia del descontrol cambiario se aceleró el ritmo del ajuste fiscal.  Para peor, se logrará a costa de una presión impositiva récord. Pero durante dos años y medio de gestión prácticamente no se avanzó en esa dirección, invocando el famoso “gradualismo”. Los mercados, por el momento, celebran este compromiso del nuevo gobierno brasileño.
  2. Reducción del número de ministerios: es uno de los primeros anuncios efectuados por Bolsonaro. De 29 pasaría a 19 carteras, aunque en un primer momento estaba la idea de reducirla a 15. Es exactamente al revés de lo que hizo Macri, que para sorpresa de muchos decidió aumentar la cantidad de ministerios ni bien asumió, llevándola a más de 20. Recién hace un par de meses resolvió achicar a la mitad esa cantidad, ante la necesidad de avanzar con medidas de austeridad aún cuando no significaran grandes ahorros. Incluso se destaca el nuevo “superministerio de Economía’, que será comandado por el propio Guedes. Incluirá Hacienda, Planeamiento e Industria y Comercio Exterior. Exactamente al revés de lo que resolvió Macri en el inicio de su gestión, cuando degradó la cartera a simplemente “Hacienda”.
  3. Avance en la reforma previsional: es uno de los temas centrales que encarará el nuevo gobierno brasileño, aunque deberá pasar por el filtro legislativo. Los contrastes con el caso argentino son muy grandes. Cambiemos anunció la intención de avanzar con una reforma en esa dirección, pero se dio tres años para analizarla. Fue en 2016, cuando puso en marcha la Reparación Histórica para jubilados. Por lo tanto, recién en 2019 se analizarán los pasos a seguir. El tema también está incluido en el acuerdo con el FMI. Otra reforma estructural como la laboral ya se había encarado durante la gestión de Temer. Un tema que en el caso argentino nunca se termina de encarar para bajar los pesados costos del mercado del trabajo. Ni siquiera se pudo implementar aún el blanqueo laboral.
  4. Mayor apertura de la economía: La elección de Chile como primer país que visitará es toda una definición de Bolsonaro. Claramente se apunta a un modelo de acuerdos de libre comercio bilaterales como los que tiene el país trasandino. Y al mismo tiempo salir del “corset” del Mercosur, como ya lo dejó trascender el propio Guedes. El gobierno argentino no consiguió en sus casi tres años de Gobierno impulsar las exportaciones, aunque se trabajó mucho para aumentar la inserción internacional del país. Fue, sin embargo, un movimiento mucho más político que comercial, como quedó claro con el apoyo de las grandes potencias al acuerdo firmado con el FMI.
  5. Plan de privatizaciones: es otro de los temas incluidos en la agenda, que busca mejorar el funcionamiento de empresas de servicios públicos y al mismo tiempo aumentar los ingresos del Estado. Sin embargo, en la campaña hubo muchas idas y vueltas en relación con este tema y aún no está claro hasta qué punto se avanzará ni con qué empresas.

Paulo Guedes, el “superministro”

Economista de la Universidad de Chicago, liberal y fundador de uno de los principales bancos de inversión brasileños (Pactual), Paulo Guedes se posicionó rápidamente como hombre de confianza del ahora nuevo presidente brasileño. Los mercados festejaron la victoria de Jair Bolsonaro y mucho tuvo que ver la designación de Guedes como un verdadero “superministro” de Economía.

Al revés de lo que pasó cuando Mauricio Macri ganó la presidencial en la Argentina, el referente económico del Gobierno tendrá varios sectores claves dentro de su órbita, no sólo las tareas de hacienda, sino también inversiones, industria y comercio exterior.

De semblante serio y expresión lindante con la preocupación, lentes y cabellos canos, Guedes es el hombre al que Bolsonaro espera encomendar la titánica tarea de sacar a Brasil -un mercado de 209 millones de personas- de dos años de recesión y otros dos de bajo crecimiento.

“La última que dijo que entendía de economía fue Dilma Rousseff y fundió el país”, explicó el nuevo ministro en una conferencia en enero, según reportó el diario Folha de Sao Paulo. Asì justificó los dichos de Bolsonaro, quien reconoció que no era precisamente un entendido en la materia.

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