¿El fin del spread como eje central del modelo de negocio bancario?

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Por Pablo Pereyra Portugal – Chief Revenue Officer de 2innovate

Históricamente, la rentabilidad de la banca se sustentó en una fórmula tradicional: captar fondos a una tasa, prestar a otra y administrar el diferencial. Sin embargo, por estos días esta ecuación experimenta una transformación estructural, reorientando el modelo hacia un ecosistema competitivo en el que si bien el margen de intermediación conserva su relevancia; la diferenciación, la retención y la rentabilidad se articulan principalmente a través de servicios financieros.

Desde hace décadas el negocio bancario estuvo dominado por el spread financiero y esto parece haber llegado a su fin en un entorno que muta estructuralmente. La digitalización acelerada, la evolución del marco regulatorio, la irrupción de las fintechs y los cambios en el comportamiento del usuario desplazaron el centro del modelo. La discusión estratégica dejó de enfocarse solo en el margen generado para pivotar hacia los servicios que se brindan al cliente, impulsados por una demanda digital cada vez más robusta. Así, surgen nuevos modelos de negocio que requieren monetización y contribución creciente a la rentabilidad de la entidad financiera.

Según el BCRA -Banco Central de la República Argentina-, en el último “Informe Mensual de Pagos Minoristas” reportó que en el mes de mayo en el país se registraron 759,9 millones de transacciones por 87,5 billones de pesos, que implican aumentos interanuales de 26,6 % y 12,9 % en cantidades y montos reales, respectivamente. Actualmente se encuentran registradas ante el BCRA 90 billeteras digitales interoperables y 63 aceptadores de PCT (pagos con transferencias).

Esto dimensiona la agilidad de la interoperabilidad del sistema financiero actual, impulsado por la innovación tecnológica que introduce también nuevas opciones para lograr experiencias ágiles de pago. Un ejemplo es el NFC que desde hace un par de meses facilita que dos personas se pasen dinero cuenta a cuenta con solo acercar sus dispositivos sin necesidad de escanear un QR ni escribir un alias; siendo el mercado argentino el primero de la región en adoptar esta modalidad. Otro protagonista es el QR que marcó un hito en Argentina superando por primera vez los 100 millones de operaciones mensuales en mayo pasado, que representó el 98,8% de los pagos digitales y un crecimiento del 66,1% interanual. Esta tendencia en adopción de nuevas tecnologías en medios de pago también se refleja a nivel global, conforme avanza la digitalización de las transacciones y el crecimiento de la economía sin efectivo.

Sin dudas, asistimos a la reconfiguración del ecosistema financiero que permite que bancos, billeteras digitales y fintechs operen bajo un esquema común. Sin embargo, aunque el avance de la inclusión financiera gana terreno esto no garantiza rentabilidad para las instituciones que asisten a un mercado más fragmentado, con nuevos actores que modifican la estructura competitiva del sector. Esta realidad obliga a los bancos a elevar su propuesta digital, simplificar procesos presenciales y ampliar servicios para responder a un usuario cada día más exigente.

Entonces, si el spread ya no es el epicentro; ¿dónde reside la nueva ubicación del valor? La respuesta es en los servicios que se materializan a través de los pagos digitales y en la agilidad transaccional: mayor frecuencia, velocidad y diversidad de canales. Y esto implica que la rentabilidad comienza a edificarse sobre el flujo, y no exclusivamente sobre el saldo.

Esto se vuelve más tangible en el comportamiento del usuario. El cliente ya no percibe al banco como un conjunto de productos aislados sino como una experiencia integral. Efectuar un pago desde una aplicación, financiar una compra en un marketplace o transferir fondos en segundos forma parte de una dinámica cotidiana que obliga a las instituciones a evolucionar de intermediarios tradicionales a facilitadores del movimiento financiero, donde el volumen, la velocidad y la capacidad de integrarse a múltiples carriles en tiempo real resultan factores determinantes.

Hoy conviven transferencias inmediatas, tarjetas de débito y crédito, billeteras digitales y QR entre otros. El desafío ya no es la conexión a uno de ellos sino su articulación para minimizar la fricción que experimenta el usuario al momento del pago. Es una decisión estratégica sobre cómo competir en un modelo donde la operatividad del movimiento prevalece sobre el margen.

De este modo, la transición del spread al modelo transaccional exige una infraestructura capaz de desacoplar lógicas tradicionales para integrar múltiples carriles sin interrumpir la operación existente; como orquestadores de ecosistemas financieros y facilitadores de una innovación continua y convergencia efectiva.

El spread continuará siendo un elemento constitutivo del negocio, aunque no determinará el futuro. El pulso del sistema financiero ya no reside en el diferencial de tasas, sino en cada transacción que conecta usuarios, plataformas y ecosistemas, preparadas para el escenario que se viene.

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