La crisis financiera es una dura prueba para el negocio fintech

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El control de cambios, tasas por las nubes y caída del consumo obligan a las compañías a recalcular sus planes de negocios. ¿Se vienen fusiones y consolidación del negocio en menos manos?

La dura crisis financiera que atraviesa el mercado local no podía pasar inadvertido ni mucho menos para el sector fintech. Prácticamente todo el sector está recalculando cómo seguirá operando en un nuevo contexto y la mayoría está apurando los planes para la expansión regional. Operar sólo en la Argentina se volvió sumamente riesgoso para seguir creciendo y en algunos casos hasta para mantenerse a flote.

Luego de la suba del dólar y el nuevo aumento de tasas, algunas fintech directamente decidieron dejar de otorgar préstamos y otras bajaron sustancialmente el ritmo al que venían operando antes de las PASO. No sólo es el temor a un aumento de la morosidad, también jugó al principio de la crisis el temor a una disparada todavía más importante del dólar.

La “tasa de conversión” de solicitudes a préstamos efectivos bajó sustancialmente en la industria del crédito on line. De un promedio superior al 15% se pasó a uno cercano al 5%. Es decir las compañías decidieron subir la vara y volverse mucho más restrictivas a la hora de decidir a quíen prestarle.

Además quedó afectada la posibilidad de descontar las carteras crediticias en los bancos, por lo que obliga a la mayoría de las entidades a manejarse de manera mucho más conservadora.

El control de cambios representa otro escollo importante, ya que limita sustancialmente la posibiidad de que un inversor internacional le preste a fintech para otorgar créditos y aprovechar las ganancias de tasas. Justamente los controles impedirían luego llevarse los dólares a través del mercado oficial y sólo quedaría la opción del Contado con Liquidación, que ya opera un 20% por arriba del formal.

Por lo tanto la posibilidad de financiar la rueda de créditos con líneas del exterior quedó en suspenso. Y también podría verse afectada la posibilidad de recibir nuevas inversiones de fondos internacionales, que buscarán canalizarlas posiblemente en otros países que no tengan las restricciones que hoy pesan sobre el mercado argentino.

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