Pánico Bursátil: Claves para invertir con éxito en un mercado bajista

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Por Andrés Cardenal

La historia de los mercados es clara: las bajas violentas son seguidas por recuperaciones no menos espectaculares. Cuál sería la mejor estrategia para aprovechar las oportunidades que se avecinan.

La pandemia global de COVID-19 ha generado un verdadero pánico en los mercados financieros internacionales. Los precios caen a una velocidad sin precedentes, y el pánico se apodera de los inversores. En este contexto, es más importante que nunca mantener un plan estratégico consistente y racional. Además, siempre es saludable recordar que las crisis de corto plazo muchas veces generan grandes oportunidades para inversionistas inteligentes y con un horizonte de largo plazo.

Historia financiera en tiempo presente

La crisis actual ha generado el mercado bajista más rápido de toda la historia, entendiendo como mercado bajista una caída de 20% desde los máximos. En base a precios de cierre del Lunes 17 de Marzo, el índice S&P 500 acumula una baja de 29.26% desde los máximos del año, y el retorno acumulado en 2020 es de -25.48%. Han existido caídas bastante más profundas en la historia, sin embargo, una caída de casi 30% en 18 días realmente no tiene precedentes.

Es relevante analizar la evolución histórica de los mercados financieros teniendo en cuenta los principales mercados bajistas para el índice S&P 500 y las subsiguientes recuperaciones. La magnitud de las bajas se encuentra en un rango de entre 20% y de 50% desde máximos. Sin embargo, las recuperaciones posteriores generalmente han superado con creces a las caídas.

El índice S&P 500 representa a un conjunto diversificado de grandes empresas en todos los sectores de la economía y con operaciones a escala internacional. A largo plazo, las ganancias de estas empresas tienden a aumentar con el tiempo, más allá de las recesiones y las crisis financieras que pueden tener efectos de magnitud a corto plazo.

Dado que la tendencia de largo plazo en el valor de los activos es alcista, los períodos bajistas pueden ser muy dolorosos, pero el inversionista que compra a precios de oportunidad durante etapas de pánico generalmente se ve recompensado con ganancias más que atractivas cuando llega la recuperación.

Lo que sabemos y lo que no sabemos

En algún sentido la crisis actual tiene aspectos únicos e impredecibles. No podemos saber cuál será el impacto social y económico del COVID-19 en todo el mundo, así como tampoco puede medirse a ciencia cierta cuáles serán sus efectos sobre los mercados en los meses venideros.

Sin embargo, los mercados financieros están formados por seres humanos – y por algoritmos programados por estos seres humanos. El comportamiento de las personas en escenarios de pánico e incertidumbre suele mostrar algunos parámetros recurrentes que tienen que ver con las emociones, especialmente en escenarios de pánico generalizado.

La evolución de los precios de los activos no depende de los fundamentos en forma aislada, sino de los fundamentos en comparación con las expectativas existentes. Es decir, los precios actuales de los activos reflejan determinadas expectativas hacia el futuro. Cuando la realidad supera a las expectativas los precios tienden al alza, y cuando la realidad está por debajo de las expectativas los precios suelen caer. En algún sentido, las fluctuaciones de precios reflejan las expectativas cambiantes del mercado en función de la evolución de las variables.

El punto central es que las expectativas suelen ser exageradamente optimistas o pesimistas cuando emociones como codicia y pánico se apoderan de los mercados. Así es como se forman las burbujas y los pánicos, incluso es habitual que los peores ajustes bajistas se generen luego de una fase de optimismo exacerbado o una burbuja.

Hacia finales del 2019 y principios del 2020 reinaba el optimismo en los mercados. La guerra comercial entre China y Estados Unidos había entrado en un impasse, la economía global se estaba acelerando y las tasas de interés se mantenían en niveles históricamente bajos. Esta combinación de factores generó retornos excepcionalmente atractivos y una expansión en los ratios de valuación. Posteriormente la pandemia de COVID-19 resultó un golpe mortal contra esas expectativas.

Los mercados detestan la incertidumbre, y una crisis como esta implica enormes niveles de incertidumbre dado que resulta extremadamente complejo predecir el impacto social y económico. De más está decir, cuando los inversores temen por su salud tienden a buscar la mayor seguridad posible en todo sentido, lo cual los lleva a buscar liquidez en los mercados financieros, incluso vendiendo a precios de descuento.

El aspecto positivo es que existe actualmente un amplio margen para políticas fiscales y monetarias con el objetivo de contener la crisis. La inflación en los países desarrollados ha dejado de ser un problema hace muchos años, y con el actual shock financiero acompañado del colapso del precio del petróleo se espera una caída aún mayor de las perspectivas inflacionarias. Ya se han anunciado medidas de gran magnitud en este sentido, y es de esperar que tanto los gobiernos como los bancos centrales continúen anunciando políticas de este tipo en el mediano plazo.

La naturaleza de esta crisis no es económica, por lo tanto las políticas monetarias y fiscales solo pueden amortiguar moderadamente la recesión. No obstante, cuando se supere la pandemia y las políticas de distanciamiento social queden en el pasado, el estímulo de la economía puede generar una recuperación especialmente vigorosa de los mercados.

En otras palabras, así como la caída ha sido históricamente abrupta y violenta, no podemos descartar en absoluto que la recuperación posterior podría resultar excepcionalmente redituable al darse un contexto de expectativas deprimidas y con un fuerte estímulo fiscal y monetario.

Un plan de acción para mercados en crisis

No sabemos dónde va a estar el piso del mercado bajista, aunque sí podemos saber que los inversionistas tienden a ser demasiado pesimistas en momentos de pánico extremo. Cuando el mercado está dispuesto a vender a cualquier precio, esto generalmente indica que estamos frente a oportunidades de compra.

Este ha sido el caso en episodios de lo más variados a lo largo de la historia, incluyendo eventos como el crash de 1987, los atentados a las Torres Gemelas de 2011, y la quiebra de Lehman Brothers en 2008. Estos eventos también generaron niveles exponenciales de incertidumbre, y aún así resultaron ser grandes oportunidades de compra. Lo más probable entonces es que esta crisis también termine siendo una gran oportunidad en el largo plazo.

Ahora bien, nadie puede comprar toda la posición en los mínimos, siempre vamos a llegar necesariamente temprano o tarde. Llegar temprano suele ser más doloroso, ya que esto implica que deberemos tolerar las caídas adicionales. Un plan simple y efectivo puede ser dividir las compras en tres partes diferentes, comprando la primera parte cuando los mercados están cayendo, la segunda cuando parece que lo peor está quedando atrás y la parte final de la posición cuando se vislumbran mejoras concretas en el escenario.

Lo más importante de todo es no apurarse demasiado a comprar, ya que la ansiedad nos suele jugar una mala pasada. Cuando los mercados se mueven alocadamente tendemos a pensar que deberíamos “hacer algo”, cuando en realidad nos conviene muchas mantener la paciencia y la templanza.

Si contamos con el poder de fuego suficiente para poder comprar mientras los precios bajan, vamos a tener la posibilidad de capitalizar efectivamente la oportunidad, incluso si esto implica que llegaremos tarde a los mínimos en algunos casos. No es para nada grave pagar un poco más caro si estamos pisando sobre un terreno más firme.

También resulta conveniente enfocarse en activos de calidad, es decir, en acciones de empresas con balances sólidos, buenos flujos de caja y la capacidad para sostener una performance financiera atractiva durante escenarios difíciles.

Muchos inversionistas pueden verse tentados a comprar activos en los sectores más golpeados durante la crisis, como por ejemplo energéticas, aerolíneas, empresas hoteleras, y restaurantes. En estos casos el potencial alcista es muy elevado cuando la crisis se revierte, aunque también es altamente posible que los fundamentos del negocio se vean dañados en forma permanente. Si la empresa no puede pagar sus deudas o realizar las inversiones necesarias para sostener las operaciones, entonces el valor de la compañía se puede ver disminuido hacia el futuro.

En cambio, Amazon (AMZN) acaba de anunciar la contratación de 100.000 nuevos empleados y un aumento de salarios para abastecer los aumentos de demanda por el boom de compras online en los últimos días. Dado que la empresa cuenta con un activo programa de fidelización de clientes, es muy probable que salga fortalecida, reteniendo buena parte de los nuevos clientes luego de la crisis.

Las acciones de Amazon han caído un 23% desde sus máximos, y es muy posible que las ventas y la performance financiera del negocio se vean beneficiadas por los nuevos hábitos de consumo generados por la pandemia de COVID-19.

También puede ser interesante recurrir a ETFs – exchange traded funds – que ofrecen acceso a una canasta diversificada de acciones replicando a un índice de referencia. El Invesco Nasdaq 100 invierte en un conjunto de acciones de gran tamaño en sectores de alto crecimiento. Las principales posiciones del ETF son grandes tecnológicas como Apple (AAPL), Microsoft (MSFT), Amazon (AMZN), y Alphabet – Google – (GOOG) (GOOGL).

Podemos observar que este ETF ha superado con creces al retorno del mercado en general según lo refleja el Vanguard Total Market (VTI) en los últimos cinco años. Esto no resulta de extrañar, ya que en un contexto alcista y de aumento en el apetito por el riesgo las acciones de crecimiento suelen tener ganancias por encima del promedio.

Sin embargo, Invesco Nasdaq 100 también ha tenido retornos superiores al promedio en un mercado bajista durante el último mes. A corto plazo los movimientos de precios dependen más del ánimo del mercado que de los fundamentos de los activos, aunque en el largo plazo la solidez financiera y las perspectivas de crecimiento hacen una gran diferencia.

En momentos de crisis el cash es muy valioso, por lo tanto debemos preservarlo pacientemente. Tenemos que saber que muchas veces un piso de mercado luego de un crash es un proceso largo y tedioso que puede durar varios meses. Es habitual que se produzca fuertes subas y violentas caídas durante todo el proceso, y por lo tanto conviene ser cautelosos, repartiendo las compras a lo largo de todo el proceso y conservando poder de fuego.

Sin embargo, la historia demuestra que comprar activos de calidad a precios de remate suele generar retornos extraordinarios en el largo plazo. En palabras del mismísimo Warren Buffett: Ser temeroso cuando los demás son codiciosos y codiciosos cuando los demás tienen miedo.

A la hora de seleccionar activos en busca de oportunidades, lo más barato muchas veces sale caro. Prestar atención a la calidad del activo y aplicar un saludable grado de diversificación nos permite dormir mejor por las noches e incluso tal vez obtener ganancias más atractivas.

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