Cuando el smartphone se vuelve un lujo, la inclusión financiera deja de ser real

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Por Rick Neumann, Client Sucess Director en Trustonic*

En América Latina, hablar de inclusión financiera ya no es únicamente hablar de cuentas bancarias, sino de acceso a tecnología. En los últimos años, la región mostró avances sostenidos en la incorporación de millones de personas al sistema financiero formal, impulsados en gran medida por la expansión de las billeteras digitales y los servicios financieros móviles. De hecho, según el índice de Inclusión Financiera de Credicorp 2025, la región acumula cinco años consecutivos de mejora, con una adopción de billeteras digitales que se cuadruplicó en ese período, pasando del 11% al 43%. Sin embargo, detrás de este progreso existe una condición fundamental que muchas veces se da por sentada: el acceso a un smartphone.

Ese supuesto hoy empieza a debilitarse. El encarecimiento global de los dispositivos, producto del aumento en los costos de fabricación, está impactando con mayor fuerza en los mercados emergentes. Según estimaciones de consultoras como Counterpoint Research, los costos de fabricación de smartphones aumentaron entre un 20% y un 30% en algunos segmentos desde comienzos de año, un incremento que ya se traslada a los precios finales.

Las consecuencias de este fenómeno van mucho más allá del consumo tecnológico. En la práctica, el smartphone se ha convertido en el elemento básico de acceso al sistema financiero. Sin él, millones de personas quedan fuera de servicios esenciales como pagos digitales, transferencias, ahorro o crédito formal. De este modo, la inclusión financiera deja de depender exclusivamente de la oferta de servicios y pasa a estar condicionada por la posibilidad de acceder al dispositivo que los habilita.

En este contexto, el financiamiento de dispositivos es una herramienta clave para sostener los avances logrados. No se trata simplemente de facilitar la compra de tecnología, sino de garantizar que más personas puedan participar activamente de la economía digital. Los esquemas que permiten adquirir smartphones en cuotas, mediante modelos seguros y sostenibles, pueden convertirse en un puente entre la exclusión y el acceso efectivo a servicios financieros.

Hoy, en América Latina, un smartphone ya no es solo un bien de consumo, sino una cuenta bancaria, una billetera digital y, en muchos casos, la única vía de inclusión financiera. Si ese acceso se restringe, lo que está en juego no es únicamente el mercado de dispositivos, sino el progreso social y económico de toda una región.

 

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