En la 47° Convención Anual del IAEF, empresarios y especialistas destacaron la estabilización macroeconómica, pero reclamaron reformas, previsibilidad y mayor productividad para que la Argentina pueda sostener el crecimiento.
Los principales ejecutivos de finanzas y especialistas económicos del país coincidieron en que la Argentina logró avanzar hacia una etapa de mayor estabilidad macroeconómica, aunque advirtieron que ese proceso constituye apenas el punto de partida para una nueva etapa: transformar la estabilización en crecimiento sostenido, inversión y mayor productividad.
La definición atravesó la primera jornada de la 47° Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), que se desarrolla en el Hotel Loi Suites de Iguazú, Misiones, bajo el lema “Argentina: de la Estabilidad al Crecimiento. Cómo Generar Competitividad Sostenida”.
Durante el encuentro, el presidente del IAEF, Pablo Miedziak, sostuvo que el rumbo económico actual representa un cambio respecto de problemas que durante años dominaron la agenda nacional. Sin embargo, remarcó que las reformas implementadas son necesarias, aunque no suficientes para garantizar un proceso de crecimiento de largo plazo.
IAEF: “La estabilidad es el punto de partida”
Miedziak destacó que existen debates que dejaron de ocupar el centro de la discusión económica, entre ellos la necesidad de mantener el déficit fiscal bajo control, reducir la inflación, evitar múltiples tipos de cambio y fortalecer las reservas del Banco Central.
“El rumbo es el correcto”, afirmó el titular del IAEF, al tiempo que señaló que una parte importante de la sociedad respalda el proceso de transformación pese al esfuerzo que implica.
Pero el ejecutivo planteó una advertencia central: “Necesarias no quiere decir suficientes”.
En ese sentido, explicó que existen dos tiempos que deben ser coordinados. Por un lado, el de las reformas estructurales, como la reforma laboral, tributaria y del Estado, además de los incentivos a la inversión. Por otro, el de las empresas y trabajadores que deben afrontar diariamente los costos de la transición económica.
“Hay dos relojes corriendo al mismo tiempo, y corren a velocidades distintas”, señaló Miedziak.
El primero es el de las reformas, cuyos efectos pueden medirse en décadas. El segundo es el de la economía real: el de las PyMEs que deben pagar salarios, los productores que necesitan liquidez, los hoteles y comercios que enfrentan sus costos y las empresas que requieren capital de trabajo.
Para el presidente del IAEF, el desafío consiste precisamente en lograr que ambos relojes puedan encontrarse.
Las empresas piden previsibilidad para invertir
En la misma jornada se presentaron los resultados de la 23° Encuesta de Inversión y Financiación EY-IAEF, realizada entre más de 100 empresas líderes de la Argentina.
El relevamiento mostró una combinación de cautela y expectativas positivas. Durante el último año, el 51% de las empresas consultadas registró un crecimiento de sus ventas, aunque el porcentaje quedó por debajo del 62% del relevamiento anterior. A su vez, un 32% informó una caída.
La rentabilidad también mostró un comportamiento heterogéneo: mejoró para el 32% de las compañías, se mantuvo estable para el 30% y empeoró para el 34%.
La mirada hacia 2027, sin embargo, es más favorable. El 68% de las empresas espera aumentar sus ventas el próximo año y el 53% proyecta una mejora en su rentabilidad.
Las expectativas también alcanzan a la inversión. Casi la mitad de las compañías consultadas prevé incrementar sus inversiones durante 2027, principalmente para adquirir bienes de capital e incorporar tecnología, destino que concentra el 70% de las respuestas. Otro 19% apunta al fortalecimiento del capital de trabajo.
Energía, agro e infraestructura, los sectores con mayor potencial
Entre los sectores con mejores perspectivas aparece claramente la energía, que concentró el 37% de las menciones de los ejecutivos consultados.
Le siguieron el agribusiness, con 23%, y la infraestructura, con 17%.
La encuesta también reflejó cuáles son las principales demandas del sector privado para mejorar la competitividad. La simplificación tributaria y administrativa fue señalada por el 61% de los participantes, mientras que el 19% reclamó una mayor articulación entre Gobierno, empresas y sindicatos.
En materia de incentivos fiscales, el 29% mencionó la reducción de alícuotas a cambio de reinversión de utilidades y el 28% planteó la reducción de cargas sociales vinculada con la creación de nuevos puestos de trabajo.
Qué reclaman los ejecutivos para aumentar las inversiones
La previsibilidad aparece como una de las principales condiciones para que las empresas profundicen sus proyectos de inversión.
El 27% de los ejecutivos consideró prioritario contar con un plan económico claro y sustentable, mientras que el 25% reclamó una reforma tributaria que incentive la inversión. Otro 20% señaló la necesidad de una política cambiaria estable.
En cuanto al marco legal, la protección de las inversiones extranjeras y los tratados de libre comercio fueron las opciones más mencionadas, con 32% cada una.
El financiamiento también aparece como uno de los desafíos pendientes. La autofinanciación continúa siendo la principal fuente utilizada por las compañías, con el 31%, seguida por bancos y entidades financieras locales, con 22%, y aportes de casas matrices, con 15%.
Desde EY remarcaron que el mercado de capitales y el financiamiento estructurado todavía tienen margen para recuperar protagonismo, especialmente para acompañar proyectos de gran escala.
El desafío de pasar de la estabilidad al crecimiento
Los ejecutivos consultados identificaron a la productividad como uno de los principales factores para dar el siguiente paso de la economía argentina.
El 30% priorizó el aumento de la productividad mediante la incorporación de inteligencia artificial y tecnología, mientras que el 29% reclamó al Estado reglas básicas sostenibles en el tiempo que permitan planificar inversiones a largo plazo.
La inteligencia artificial aparece, además, como una de las tendencias que más impacto tendrá sobre las empresas: fue mencionada por el 28% de los encuestados. La aparición de competidores no tradicionales quedó en segundo lugar, con 26%.
En este contexto, Alejandro Kelman, socio de EY Argentina, sostuvo que la Argentina tiene una oportunidad para avanzar hacia el crecimiento si consigue mantener las reglas de juego y generar mejores condiciones para sectores con potencial exportador.
Artana: “La macro está normalizada, pero la preocupación está en la micro”
El economista Daniel Artana coincidió en que la estabilización macroeconómica es un avance relevante, aunque remarcó que por sí sola no garantiza un proceso de expansión sostenida.
“La inflación afecta negativamente al crecimiento económico. La pregunta es si con la estabilidad alcanza. No alcanza. Se necesita productividad e inversión”, planteó.
Para Artana, la Argentina enfrenta problemas estructurales que requieren soluciones de largo plazo: baja inversión, elevada informalidad, escasa innovación, deficiencias en capital humano e infraestructura y un prolongado estancamiento de la productividad.
Uno de los principales desafíos será administrar los costos de la transformación. Algunas empresas deberán reconvertirse y otras podrían quedar fuera del proceso, una dinámica que, según el economista, genera tensiones económicas y también costos políticos.
Artana también puso el foco en la baja tasa de inversión argentina, que ubicó apenas por encima del 17%, y señaló que el país necesita aprovechar la revolución tecnológica y de inteligencia artificial para recuperar el terreno perdido durante décadas.
La advertencia del IAEF: sin resultados visibles, las reformas pierden respaldo
El planteo de fondo de la Convención del IAEF apunta a una cuestión que excede las variables macroeconómicas: la sostenibilidad política y social de las reformas dependerá también de que sus beneficios comiencen a ser visibles en la economía real.
Miedziak sintetizó esa posición al señalar que no existe crecimiento sin inversión, ni inversión sin reglas claras, y que tampoco puede haber desarrollo sin articulación entre el sector público y privado.
A esos principios, el titular del IAEF sumó una cuarta condición: “No hay reforma sostenible sin resultados que la gente vea e impacte en su realidad personal y familiar”.
Así, el diagnóstico de los ejecutivos financieros combina respaldo al proceso de estabilización con una advertencia concreta: la Argentina ya habría dejado atrás parte de las discusiones macroeconómicas que marcaron las últimas décadas, pero ahora enfrenta un desafío todavía más complejo.
Convertir la estabilidad en crecimiento sostenido, inversión, productividad y competitividad.
Ese es, según la visión expresada en la Convención del IAEF, el próximo gran desafío de la economía argentina.
