Morosidad empresarial: casi 59.000 compañías tienen problemas para pagar sus deudas

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Unas 1.937 empresas ingresaron en mora durante septiembre y el número de firmas con irregularidades bancarias creció 53% interanual. El indicador de riesgo de Fidelitas se ubicó en 37,7 puntos, en la categoría de Riesgo Elevado.

La morosidad empresarial continúa en aumento y suma presión sobre la actividad económica argentina. Durante septiembre, otras 1.937 compañías ingresaron en mora, un incremento del 3,5% respecto de agosto. En tanto, el número total de firmas con una situación irregular en el sistema bancario llegó a 58.982, con una suba del 53% en los últimos doce meses.

El deterioro también se reflejó en el Score de Riesgo Económico y Financiero (SERF), elaborado por la consultora Fidelitas. El indicador bajó 0,6 puntos en la comparación mensual y quedó en 37,7 unidades, un nivel que mantiene al sector privado dentro de la categoría de Riesgo Elevado.

El escenario combina dificultades para acceder al financiamiento, debilidad de la actividad y diferencias entre sectores. Aunque algunos indicadores mostraron mejoras puntuales, el cuadro general sigue marcado por la fragilidad económica.

La deuda empresarial, bajo presión por el encarecimiento del crédito

Uno de los componentes más comprometidos del SERF es el riesgo crediticio, que alcanzó apenas 19 puntos, el nivel más bajo entre las dimensiones que integran el índice.

Si bien la morosidad temprana —correspondiente a la situación crediticia 2— se redujo un 8,9%, otros datos muestran un deterioro más profundo. En enero de 2025 había alrededor de 1,8 millones de CUIT en situaciones crediticias de la 2 a la 4. Actualmente, cerca de 3,7 millones se encuentran en situación 5, considerada irrecuperable.

La evolución refleja las dificultades que enfrentan empresas y familias para cumplir con sus obligaciones financieras, en un contexto en el que el costo del crédito continúa condicionando las decisiones de consumo e inversión.

Actividad económica: industria y construcción siguen débiles

El componente de actividad económica del indicador se ubicó en 51,2 puntos. Entre los factores que explican ese resultado se encuentran la caída interanual del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de julio y las contracciones de la industria manufacturera y la construcción.

En contraste, la minería mostró un desempeño positivo en agosto, aunque ese avance no alcanzó para revertir las señales de debilidad de otros sectores.

El componente financiero y de precios llegó a 54,9 puntos, favorecido por una leve reducción de la diferencia entre las tasas de los préstamos personales y las de los depósitos.

El mejor resultado correspondió al comercio exterior, que alcanzó 72,8 puntos. Su desempeño estuvo respaldado por el superávit comercial registrado en agosto.

Tasas altas: el desafío de estabilizar la economía sin frenar la recuperación

Para Félix El Idd, CEO de Fidelitas, los indicadores exponen una tensión entre la estabilización monetaria y las necesidades de financiamiento del sector privado.

Las tasas de interés reales positivas contribuyen a incentivar las colocaciones en pesos y moderar la demanda de dólares. Sin embargo, cuando se mantienen elevadas, también encarecen los préstamos, restringen el consumo y pueden postergar inversiones productivas.

En ese contexto, la recuperación del crédito aparece como una condición relevante para reactivar la actividad. El desafío económico consiste en avanzar con la desinflación sin prolongar las dificultades de financiamiento que afectan a empresas y hogares.

Dólares y vencimientos de deuda: la incertidumbre que se extiende a 2027

A los problemas de morosidad se suma la incertidumbre financiera de cara a 2027. Según los datos del informe, la demanda privada de divisas destinada a la dolarización de activos y al pago de dividendos ronda los U$S 2.500 millones mensuales.

A su vez, los vencimientos de deuda soberana previstos para ese año ascienden a unos U$S 25.000 millones entre capital e intereses. Los rendimientos superiores al 20% de los bonos con vencimiento en 2028 y un riesgo país por encima de los 550 puntos reflejan las dudas del mercado sobre la capacidad de refinanciamiento y la disponibilidad de reservas.

Para el cierre de 2026, el informe no anticipa cambios sustanciales en el escenario. El Gobierno apuesta a una mayor entrada de divisas por la cosecha de trigo y la puesta en marcha del oleoducto Vaca Muerta Sur. Los proyectos vinculados al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), en tanto, podrían contribuir con más fuerza en el mediano plazo.

Sin embargo, la incertidumbre política y financiera que se proyecta para el próximo año podría seguir condicionando las decisiones de inversión. En ese marco, la evolución del crédito y la capacidad de las empresas para regularizar sus deudas serán factores clave para evaluar la recuperación de la economía.

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