Los anuncios realizados ayer por Scott Bessent le pusieron al menos momentáneamente un techo a las tasas de largo plazo. También hubo una fuerte suba del oro.
La criptomoneda recuperó el nivel de US$70.000 y alcanzó máximos cercanos a US$71.500, impulsada por la caída de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. Aunque el movimiento suele asociarse a una expectativa de mayor liquidez monetaria, la decisión que desencadenó el rally no provino de la Reserva Federal, sino del Departamento del Tesoro.
Bitcoin volvió a colocarse por encima de los US$70.000, alcanzando durante la jornada máximos próximos a US$71.500, en una nueva señal de recuperación del mercado de activos digitales. El movimiento se produjo después de que el Tesoro de Estados Unidos anunciara un incremento significativo en sus operaciones de recompra de deuda pública de largo plazo.
La decisión tiene una relevancia que excede el mercado de bonos. Para los inversores, la intervención del Tesoro representa una señal de que las autoridades estadounidenses están dispuestas a actuar para contener el deterioro de las condiciones financieras y evitar que el aumento de los rendimientos de largo plazo termine trasladándose con mayor intensidad al costo del crédito para empresas, hogares y el propio Gobierno.
El primer elemento que debe tenerse en cuenta es institucional. La operación anunciada esta semana no constituye un nuevo programa de expansión cuantitativa de la Reserva Federal.
El Tesoro decidió duplicar, desde US$2.000 millones hasta al menos US$4.000 millones por operación, sus recompras de bonos de largo plazo con vencimientos de entre 10 y 30 años. El programa comenzará a implementarse el 9 de septiembre y se extenderá inicialmente hasta comienzos de noviembre. La diferencia no es menor. Una política de quantitative easing implica que el banco central adquiere activos financieros para modificar las condiciones monetarias y financieras. En cambio, las recompras del Tesoro tienen como objetivo declarado mejorar la liquidez y el funcionamiento del mercado de deuda, retirando determinados títulos del mercado y sustituyéndolos mediante una estrategia de financiamiento que privilegia emisiones de vencimientos más cortos.
De hecho, la propia documentación de la Reserva Federal muestra que el banco central ha continuado realizando compras de Treasury bills destinadas a mantener un nivel adecuado de reservas dentro del sistema financiero. Desde comienzos de 2026, el balance de la Fed aumentó y las reservas bancarias también se incrementaron.
El mecanismo que conecta las recompras del Tesoro con Bitcoin pasa, fundamentalmente, por las condiciones financieras.
Antes del anuncio, los rendimientos de los bonos estadounidenses de largo plazo habían alcanzado niveles particularmente elevados. El rendimiento del Treasury a 30 años llegó a superar el 5,3%, un nivel que no se observaba desde 2007. Tras conocerse la ampliación de las recompras, el rendimiento retrocedió con fuerza.
La caída de las tasas largas tiene efectos sobre la valoración de prácticamente todos los activos financieros. Cuando disminuye el rendimiento exigido a los bonos, también puede reducirse el costo de oportunidad de mantener activos que no generan flujo de caja, entre ellos Bitcoin.
Al mismo tiempo, una menor presión sobre las tasas largas puede favorecer una recomposición de las carteras hacia activos de mayor riesgo. El movimiento observado durante las últimas jornadas fue consistente con ese patrón: además de Bitcoin, las acciones y el oro registraron avances, mientras el dólar estadounidense se debilitó. En ese sentido, Bitcoin vuelve a comportarse como un activo altamente sensible a las condiciones globales de liquidez y a las expectativas sobre la política económica estadounidense.
La pregunta central para los inversores no es solamente por qué Bitcoin superó los US$70.000, sino si este movimiento puede convertirse en el comienzo de una tendencia sostenida.
Hay argumentos a favor. La recuperación se produjo después de un período de debilidad considerable para la criptomoneda y coincidió con una mejora generalizada del apetito por riesgo. Además, los flujos hacia productos financieros vinculados con Bitcoin han contribuido a sostener la demanda institucional.
Pero también existen motivos para mantener cautela. La recompra anunciada por el Tesoro es pequeña en relación con el tamaño del mercado de deuda estadounidense, que supera los US$30 billones. Por lo tanto, difícilmente pueda modificar por sí sola las condiciones estructurales del mercado de bonos. Analistas consultados por Reuters remarcan que la medida puede funcionar como estabilizador de corto plazo, pero no resuelve problemas fiscales más profundos, como el déficit y el costo creciente del servicio de la deuda.
Además, la Reserva Federal continúa enfrentando un escenario complejo. Las autoridades monetarias mantienen la preocupación por una inflación todavía elevada, mientras el mercado intenta determinar si las condiciones económicas permitirán una política monetaria menos restrictiva en los próximos meses.
La reacción del mercado revela, en última instancia, algo más profundo que una simple relación entre Bitcoin y una compra de bonos. Durante los últimos años, los inversores institucionales comenzaron a incorporar Bitcoin dentro del universo de activos sensibles a la liquidez global. La criptomoneda ya no se negocia exclusivamente como un activo especulativo aislado: sus movimientos están cada vez más relacionados con las tasas de interés reales, el dólar, las condiciones de financiación y la disponibilidad de capital en los mercados internacionales.
