Fitch sube la nota a Argentina y Milei queda a un paso del nivel que logró Macri

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La decisión de Fitch Ratings de subir la calificación de Argentina de CCC+ a B- con perspectiva estable marca un cambio relevante en la percepción de riesgo del país, aunque todavía dentro de la zona de crédito altamente especulativo. No es un “grado de inversión”, pero sí implica que el mercado empieza a ver menos probabilidad de un evento de default en el corto plazo.

El movimiento también tiene una lectura política y comparativa: acerca a la gestión de Javier Milei a los niveles que había alcanzado Mauricio Macri en 2016-2017, antes de la crisis cambiaria. Es, en términos simbólicos, una validación parcial del rumbo económico actual.

Fitch fundamenta el upgrade en tres ejes bastante claros:

Por un lado, orden fiscal. La agencia ve más consistencia en el ajuste de las cuentas públicas y en la idea de sostener un ancla fiscal hacia adelante. Esto es clave porque, históricamente, los problemas de deuda en Argentina estuvieron asociados a déficits persistentes.

Por otro, mejora externa. El país pasó a mostrar un perfil más sólido en su frente externo: superávit comercial fuerte, menor necesidad de financiamiento y un rol creciente como exportador neto de energía. A eso se suma la expectativa de inversiones, sobre todo en sectores como minería y petróleo, bajo esquemas como el RIGI.

Y un tercer punto es la acumulación de reservas. El Banco Central viene comprando divisas a buen ritmo —más de US$7.000 millones en el año— y la proyección de Fitch es que las reservas brutas puedan acercarse a los US$52.700 millones hacia fin de 2026.

Ese combo —fiscal, externo y reservas— es lo que permite justificar la mejora de nota.

Pero el diagnóstico sigue siendo cauteloso. La calificación B- continúa reflejando debilidades estructurales importantes:

  • Reservas netas todavía bajas, lo que deja al país expuesto ante shocks de confianza
  • Inflación elevada, que erosiona estabilidad macro
  • Historial de crisis recurrentes, que pesa fuerte en cualquier análisis de riesgo

Desde el lado del mercado, esta suba de rating puede tener efectos concretos. Mejora marginalmente el acceso al financiamiento externo —sobre todo para provincias y empresas— y ayuda a comprimir spreads. No implica una reapertura total del crédito internacional, pero sí reduce el costo relativo del endeudamiento.

También refuerza una narrativa que el Gobierno viene construyendo: la de una economía que, tras el ajuste inicial, empieza a estabilizarse y a recuperar credibilidad.

Sin embargo, el desafío está en sostener esa trayectoria. Fitch misma lo deja implícito: una mejora adicional dependerá de que se consoliden variables clave como la baja de la inflación, el fortalecimiento de reservas y la continuidad del equilibrio fiscal.

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