La cartera 60/40 está bajo presión: qué recomiendan Bank of America, JPMorgan y BlackRock.

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La cartera que combina un 60% de acciones y un 40% de bonos enfrenta nuevos cuestionamientos por la pérdida de capacidad de la renta fija para amortiguar las caídas bursátiles y la concentración del mercado estadounidense. Bank of America propone diversificar, mientras JPMorgan y Vanguard defienden el modelo con ajustes.

La tradicional estrategia de inversión 60/40 vuelve a estar en el centro del debate en Wall Street. El esquema, que distribuye el capital entre acciones para buscar crecimiento y bonos para aportar estabilidad, enfrenta dudas sobre su capacidad para proteger las carteras en un escenario de tasas de interés elevadas, presiones inflacionarias y concentración bursátil.

Las principales entidades financieras mantienen posiciones diferentes. Bank of America propone ampliar la diversificación con activos internacionales y estrategias de renta fija menos convencionales. JPMorgan y Vanguard consideran que la cartera equilibrada todavía tiene vigencia, aunque requiere ajustes. BlackRock, por su parte, aumentó su preferencia por los bonos del Tesoro de corto plazo, mientras Goldman Sachs advierte que el riesgo de pérdidas en las carteras 60/40 continúa siendo elevado.

Por qué Wall Street cuestiona la cartera 60/40

Durante décadas, el atractivo de esta estrategia fue combinar el potencial de crecimiento de las acciones con la capacidad de los bonos de compensar las pérdidas cuando caía la Bolsa. Sin embargo, esa relación se debilitó en los últimos años.

Según Bank of America, los bonos del Tesoro estadounidense con vencimientos superiores a 20 años acumularon una pérdida del 31,9% desde octubre de 2019, mientras que el S&P 500 avanzó un 187,1% en el mismo período.

El índice agregado de bonos estadounidenses, por su parte, registró un rendimiento acumulado de apenas 2,8%, equivalente a una tasa anualizada del 0,4%.

El aumento de las tasas de interés golpeó especialmente a los títulos de deuda de largo plazo. Al mismo tiempo, las preocupaciones sobre la situación fiscal de Estados Unidos mantuvieron la presión sobre los rendimientos de los bonos.

El otro factor de riesgo es la concentración del mercado accionario. Aunque un índice como el S&P 500 permite invertir en cientos de compañías, una parte cada vez mayor de su valor depende de un grupo reducido de grandes empresas tecnológicas.

Bank of America estima que los sectores de crecimiento representan el 67% del S&P 500 y que las diez principales compañías vinculadas con la inteligencia artificial concentran cerca del 42% de la capitalización bursátil estadounidense.

La concentración también se observa a escala internacional: Estados Unidos pasó de representar el 44% del índice MSCI All Country World en 2006 a cerca del 70% dos décadas después.

En consecuencia, una cartera que parece diversificada puede quedar expuesta simultáneamente a las expectativas sobre la inteligencia artificial, el desempeño de las grandes tecnológicas y los movimientos de las tasas de interés.

Goldman Sachs: los bonos recuperan atractivo, pero persisten los riesgos

Para Goldman Sachs, el mayor rendimiento que ofrecen actualmente los bonos vuelve a hacer más atractiva la renta fija para los inversores de largo plazo. La entidad ubica entre el 35% y el 55% el rango histórico de asignación óptima a bonos, dependiendo de las condiciones del mercado.

Sin embargo, la firma distingue entre recuperar el atractivo estratégico de estos activos y aumentar inmediatamente su participación en las carteras.

En un horizonte de tres meses, mantiene una posición neutral. A doce meses, en cambio, sobrepondera las acciones y conserva una posición neutral en bonos.

El banco también señala que la recuperación reciente de las carteras equilibradas se explica principalmente por las ganancias bursátiles. Por eso, considera que los bonos todavía no recuperaron plenamente su función de protección.

La conclusión es que el retorno al 60/40 no debería ser automático: la participación de la renta fija debe evaluarse en función de los rendimientos esperados, el riesgo, la diversificación y la rentabilidad del efectivo.

Qué alternativa propone Bank of America

Bank of America plantea ampliar la diversificación mediante activos menos dependientes de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses y estrategias de renta fija que no estén atadas exclusivamente a los índices tradicionales.

Entre sus alternativas aparecen las acciones internacionales de pequeña capitalización y estilo valor. Desde octubre de 2020, estos activos acumularon una rentabilidad del 166%, frente al 136% de las grandes acciones estadounidenses de crecimiento.

También presentan valuaciones más bajas: su relación precio-beneficio se ubica cerca de 11 veces, frente a 24,8 veces para las acciones estadounidenses de crecimiento.

Entre los instrumentos mencionados por la entidad figuran los ETF Avantis International Small Cap Value (AVDV) e iShares International Developed Small Cap Value Factor (ISVL).

La propuesta incluye, además, compañías estadounidenses de pequeña capitalización, acciones con elevado flujo de caja libre y mercados latinoamericanos.

En renta fija, Bank of America recomienda considerar estrategias dinámicas que combinen bonos corporativos de alto rendimiento, préstamos sénior y obligaciones de préstamos garantizados, conocidas como CLO.

Su estrategia Dynamic Prudent Yield mostró una rentabilidad retrospectiva del 11,5% desde 2023, frente a una caída del 8,7% de los bonos del Tesoro de largo plazo. La entidad aclara que se trata de resultados teóricos y no de una cartera real.

Una cartera alternativa que combina acciones, bonos y efectivo

Bank of America también compara el desempeño histórico de una cartera hipotética compuesta por un 50% de acciones de calidad, un 30% de renta fija dinámica, un 10% de fondos de cobertura y un 10% de efectivo.

Según sus simulaciones, esa combinación habría obtenido un rendimiento anual del 11,1% desde 1945, frente al 9,2% anual de la cartera tradicional 60/40.

El modelo convencional registró una volatilidad del 9,4%. Los resultados corresponden a ejercicios históricos y no garantizan rendimientos futuros.

La propuesta también incorpora materias primas y estrategias alternativas, con el objetivo de diversificar las fuentes de retorno y responder a distintos escenarios de inflación.

JPMorgan y Vanguard defienden el 60/40 con ajustes

JPMorgan sostiene que el atractivo de la renta fija volvió a mejorar gracias a los rendimientos más altos. Shayan Hussain, especialista en bonos estadounidenses de la entidad, considera que el nivel actual de las tasas representa una oportunidad importante para los inversores de largo plazo.

En los últimos tres años, el índice agregado de bonos estadounidenses registró un rendimiento anualizado del 4,06%, frente al 8,02% de los bonos de alto rendimiento. Para JPMorgan, esta mejora restableció parte del argumento a favor de la cartera tradicional.

BlackRock adoptó una posición más cautelosa en el corto plazo. Después de que el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años alcanzara aproximadamente el 5,25%, elevó su exposición recomendada a los títulos de corto plazo y redujo a neutral su posición en acciones estadounidenses.

La gestora aclaró que el ajuste responde a la administración del riesgo inmediato y no a un cambio de sus convicciones fundamentales. Mantiene una visión favorable sobre la inteligencia artificial y los mercados emergentes.

Vanguard, en tanto, recomienda rebalancear periódicamente las carteras. Según sus cálculos, una estrategia 60/40 que no se hubiera ajustado con el tiempo habría pasado a una distribución de 73% en acciones y 27% en bonos, como consecuencia del desempeño relativo de ambos activos.

La firma también destaca que el índice agregado de bonos estadounidenses ofrece un rendimiento del 5,56% y señala las posibilidades de utilizar pérdidas de inversión para compensar ganancias a efectos fiscales, según las condiciones aplicables.

El futuro de la estrategia depende de las tasas y la diversificación

El debate en Wall Street no implica necesariamente el abandono de la cartera 60/40. La discusión se centra en si la distribución tradicional sigue siendo adecuada en un mercado donde los bonos pueden sufrir pérdidas al mismo tiempo que las acciones y donde una parte importante de la renta variable depende de pocas compañías.

Las diferencias entre las entidades reflejan dos enfoques: mantener el esquema con ajustes en las proporciones y los instrumentos, o ampliar la diversificación hacia activos internacionales, empresas de menor capitalización y estrategias de renta fija más flexibles.

La inflación, la evolución de las tasas de interés y la capacidad de los bonos para amortiguar las caídas bursátiles serán factores decisivos para determinar qué combinación ofrece una mejor relación entre riesgo y rendimiento.

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